Mi primera vuelta al mundo

No todos los mochileros somos unos gambiteros

Un comentario 27 septiembre 2010

Atardecer en la isla sur de Nueva Zelanda

Después de tomar el tazón de sopa y recuperado del black water rafting me di cuenta que no tenía nada en el coche para cenar, ni unos tristes noodles y una lata de atún, así que le dije a Jon (el chico vasco que conocí en la actividad) que si quería ir al New World (el mercadona de Nueva Zelanda) para comprar “algo”.

Nos subimos en el kiwi móvil y fuimos raudos hasta el pueblo a comprar víveres para la noche. El New World de Te Kuiti estaba bastante muerto apenas habían cinco personas comprando en todo el súper.

Cuando estaba comprando unas patatas fritas me encuentro con que la marca de las patatas se llamaba ETA y que en la etiqueta trasera ponía “ORGULLOSOS DE NUESTRO PRODUCTO DESDE LOS 70″ a mi me resultó un poco WTF.

WTF: ETA

Después de comprar las provisiones habituales nos encontramos con la nevera de las cervezas, si bien la comida de perros en los supermercados de Nueva Zelanda tiene refrigeradores como los que tienen los yogures en España, las cervezas tenían una cámara frigorífica del tamaño de mi dormitorio en casa.

Saben esas cámaras frigoríficas donde encierran los mafiosos a los inocentes en las pelis para que mueran congelados, pues de ese estilo era.

Finalmente nos decidimos por la cerveza más barata, la Ranfurly, que estaba de oferta a un dólar (0,55€) la lata de 440ml todo un chollo en las antípodas.

Un cuarto de hora después ya estábamos de vuelta en la hostel/guest house del rafting y empezamos a cocinar unos spaguettis.

La verdad que esa cena en el hostel parecía un chiste porque éramos una griega, un austríaco, un francés, un vasco y un canario. Personas tan dispares que en la vida nos hubiéramos conocido allí estábamos preparando la cena juntos.

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Jon conoció a sus dos compañeros de viaje (Sylvain y Hannes) mientras estaba de Erasmus en Bath y después de unos años para preparar y decidir la aventura se embarcaron en este viaje, yo los conocí en el ecuador del viaje y ahora andan por Latinoamérica.

La chica de la cual no recuerdo el nombre llevaba casi un año viviendo en Australia con una working holiday visa y nos estuvo hablando de su novio y su extraña filosofía de vida toda la noche, me imagino que la pobre chiquilla se sentía intimidada con tanto hombre alrededor y por eso nos lo recordaba tanto; yo en su caso a lo mejor me hubiera dado cosica o no vete tu a saber…

Es la noche de la que posiblemente tenga mejores recuerdos tengo del viaje, supongo que son las pequeñas cosas que con el tiempo se hacen grandes ya que me pasé viajando solo los dos meses y quitando las visitas a mis amistades canarias como Reena (que me acogió en Singapore) o Javier Sampedro (un chicharrero* que vive en Hong Kong) siempre estuve solo durante el viaje.

18 cervezas después nos fuimos cada uno a su cama después de muchas risas y historias de las que no recuerdo muchos detalles pero que me dejaron un buen sabor de boca.

Nota: el título de esta entrada viene por una noticia que ha salido en el Guardian (períodico inglés) que comentaba hoy Paco Nadal en su blog sobre los ingleses que van de Gap Year a ponerse hasta el ojete de todo.

CHICHARRERO: Habitante natural de Santa Cruz de Tenerife aunque se suele extender a los habitantes de la isla por defecto.

Mi primera vuelta al mundo, Vivencias

Hacer black water rafting en Nueva Zelanda no es tirarse por las alcantarillas

Un comentario 23 septiembre 2010

Siguiendo con el diario de la vuelta al mundo que se había quedado en la visita al motel más friki del mundo, hoy os voy a hablar del black water rafting que practiqué en las cuevas de Waitomo.

¿Black water rafting? yo al oirlo pensé en aguas negras por tanto aguas sucias pero resultó que no era eso se le llama Black Water Rafting porque va por dentro de cuevas que están a oscuras.

Existen dos compañías que hacen esto, yo lo hice con Rap Raft ‘N’ Rock porque era más barata pero la verdad que me defraudó.

En la web dicen que la actividad dura cinco horas pero con transporte hasta a la cueva incluido la actividad apenas duró tres horas.

Pero os voy a contar la experiencia que fue muy molona quitando este quebranto.

La actividad empieza con un viaje en furgoneta al “campamento base” donde te pones el traje y el arnés para iniciar la aventura, una vez preparados se sale otra vez a la entrada de la cueva, allí te explican como funciona el asunto.

Waitomo

CC Aaron Smith

Para llegar a la cueva ha una caída de tirolina de 27 metros (según el folleto, yo no llevé la cinta métrica) que es bastante espectacular. Una vez abajo hay que subir cueva para arriba cargando un neumático para ver a los “glow worms” que son unos gusanos fosforescentes que están en las cuevas de Waitomo, lo que hace que tenga esa luz son los excrementos.

Después de explicarnos la historia nos lanzamos por la cueva para abajo con los neumáticos neumáticos y la verdad es que la experiencia de ir por el rápido de una cueva a bastante velocidad y casi a oscuras es algo que mola mucho, no tiene nada que ver con ir a un aquapark. Yo no he hecho rápidos en ríos así que no puedo comparar.

Después de hacer el recorrido toca volver cueva a arriba para salir a la superficie, lo del rafting es algo serio, por lo que nos comentaba el monitor si te caes por la cueva para abajo es muerte segura pero por suerte están los dos monitores para que no te mates.

Para terminar toca subir una pared de 27 metros que antes había bajado en tirolina haciendo escala, la verdad que entre mi forma física, el jetlag y los tres días que llevaba metido en el coche me costó bastante pero la verdad es que me sentí bastante realizado al llegar a la cima de la pared.

¿Conocen al chico de la foto?

La furgoneta nos llevó de nuevo al campamento base donde me esperaba una ducha caliente y una buena taza de sopa caliente.

Al llegar al hostel empecé a conversar con Jon un vasco que estaba dando la vuelta al mundo con dos colegas que conoció estando de Erasmus en Bath y con que me fui de inmediato al supermercado a comprar comida y una caja de cervezas, pero eso es una historia que contaré otro día.

Para los que os interese os dejo la web de la empresa con la que hice la actividad www.caveraft.com la actividad me costó 135 dólares (unos 75 euros al cambio).

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El motel más friki del mundo

11 comentarios 13 septiembre 2010

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Cuando pienso en un motel lo primero que se me viene a la cabeza es el típico motel de carretera que todos hemos visto en las películas americanas pero el señor Barry Woods (conocido como Billy Black) hace unos años decidió darle la vuelta a la tortilla.

El motel Woodlyn Park está a pocos kilómetros de las cuevas de Waitomo en la isla norte de Nueva Zelanda y es mundialmente conocido por sus peculiares habitaciones que le hacen ganarse el apelativo de “Motel más friki del mundo para un servidor.

Me acerqué a la recepción y allí estaba el señor Black con sus particulares pintas y su profundo acento neocelandés, le conté que estaba dando una vuelta al mundo y que había oído hablar de su tan curioso motel y le pedí que me lo enseñará si tenía tiempo.

Billy me contaba que todas las semanas venían periodistas de todo el mundo a visitarlo y no es para menos, el lugar parece sacado de otro planeta.

La primera unidad que visitamos fue la del tren:

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Me cuenta que fue la más fácil de todas ya que “solo tuvo que llevar el vagón hasta la colina”.

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Después de visitar el tren fuimos a las habitaciones de Hobbiton, si no pudiste ir a Matamata a ver la casa de Bilbo Bolsón siempre tendrás la posibilidad de quedarte en esta versión de “libre inspiración de Hobbiton”.

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Bilbo no tenía barbacoa de butano pero en Nueva Zelanda les gusta más un asadero que a los canarios.

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La habitación está bastante bien y tiene elementos como las ventanas que recuerdan a Hobbiton pero lo más chocante es la vista desde la ventana.

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Si, es un barco… de bolsón cerrado no se veían estas cosas pero en el mundo de Billy Black todo es posible.

La tercera unidad que visito es el barco o como él lo llama el “Waitanic”, es la última incorporación del recinto y no es ni más ni menos que una patrullera de la segunda guerra mundial reconvertida a tres habitaciones bastante curiosas.

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Las habitaciones son bastante espaciosas y para bastante gente, de hecho la habitación familiar tiene capacidad para seís personas.

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La suite nupcional cuenta con este hidromasaje grande.


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Las vistas son bastante chocantes.

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Pura tierra media.

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Para terminar pero no menos importante la habitación avión creada con otra pieza de la segunda guerra mundial reciclada a dos habitaciones del motel, una unidad en la zona del piloto y la otra más amplia para familias en la parte de atrás del avión.

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Para subir a esta parte de la habitación hay que ir por unas escaleras bastante peligrosas y no están para subir con un par de tragos.

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Después de la visita guía acompañé a Billy hasta el edificio principal donde me enseñó su pequeño teatro donde hace el Kiwi Cultural Show.

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No pude asistir por cuestiones de tiempo para la actividad que tenía que realizar ese día, y de la cual hablaré pronto, pero buscando en Youtube he encontrado un vídeo:

En resumidas cuentas si vais a Nueva Zelanda y tienen la oportunidad de quedarse en el particular motel de Billy Black es una experiencia que podrán contar a vuestros hijos porque es una experiencia única en el mundo a la par que kitsch y friki.
Os dejo la web del motel por si necesitan más información: http://www.woodlynpark.co.nz

Mi primera vuelta al mundo, Vivencias

Waimangu Valley, todo un ejemplo de ecoturismo

Sin comentarios 09 septiembre 2010

Han pasado unas semanitas desde la última entrada del diario así que la pobre oveja ya estará esquilada desde la entrada anterior.

Estaba conduciendo entre Rotorua y Taupo y me encuentro con un desvío que dice Waimangu Valley y no me pude resistir a tomar el desvío.

En el camino al centro de visitantes me encontré con unos paisajes que me dejaban perplejo llevándome a la tierra media, pero tenía que poner los ojos en la carretera en mi segundo día de conducción por la izquierda para no tener un susto.

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“Chacho, ¿tú que miras?”

Unos pocos kilómetros de pastos después ya estaba en el centro de visitantes y me puse a indagar un poco sobre el lugar.

Resulta que Waimangu es un volcán que explotó en 1886 y creó unas termas que siguen caliente casi siglo y medio después.

La visita consta de varias versiones, hay un trekking corto de una hora y medía y otro de tres-cuatro horas para los más aventureros, yo elegí el fácil porque no estaba muy en forma.

Os dejo un par de fotos que pude hacer en el camino cuando la lluvia me permitió sacar la réflex:

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Al acabar el trekking hay un lago donde se puede hacer un tour en barco que no hice por falta de tiempo :(

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Al acabar la ruta hay un autobús que te sube hasta el centro de visitantes que está incluido en el precio de la entrada del parque.

Este parque ha ganado varios premios de ecoturismo en Nueva Zelanda, es sorprendente lo bien preparado que está todo el camino y lo arreglado que está; lo que a mí me sorprendió incluso más fue que tuvieran una mini guía del lugar en castellano.

Para terminar les dejo un vídeo con un par de cositas que grabé durante mi visita a Waimangu.


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