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Comprar en el zoco de Marrakech

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En marzo estuve un fin de semana en Marrakech con una promoción de Binter Canarias y decidí comprar cosas para mi familia aprovechando que iba “derechito” a casa desde Marruecos.

Como pasa con el mundo de los souvenirs en el zoco de Marrakech más o menos se repiten los mismos artículos, así que lo primero es tantear en varios lugares por el producto en el que buscas para tener una idea de sobre cuanto pujar.

Ten en cuenta que tu allí eres un guiri, y te quieren sacar la pasta. Una vez asumas eso tienes que pensar en cuanto estás dispuesto a pagar o cuánto tiempo le quieres dedicar al asunto.

Ahí ya depende lo que valores tu tiempo y tus capacidades de regateo, aunque la verdad no hace falta ser un maestro Jedi para hacer compras en el lugar.

Lo ideal es ir con otra persona (dos chicos por ejemplo) y tener una estrategia rolo “poli bueno, poli malo“.

Yo fui a comprar unos vasos de té para mi madre y la verdad que no me quería complicar la vida ya que tenía poco tiempo así que fuimos al primer sitio “menos turístico que vimos” y le empezamos a preguntar al señor.

Al principio nos quería clavar como si fueran vasos de Bohemia hecho por la baronesa Thyssen pero luego cuando nos ofrecimos a comprar unos cuantos decidió bajar un precio pero a nuestro parecer nos seguía pareciendo caro.

Así que hicimos el amago de irnos con el dinero en la mano diciendo “será por sitios donde comprar vasos en este Marrakech” y cuando llevábamos diez metros por la calle nos vino el señor y nos dijo “vale amigo”.

Otros amigos me dijeron que lo podía haber conseguido más barato pero cuando regateas en sitios como estos hay que tender a pensar que un par de euros que para ti puede ser “nada” pero a lo mejor pueden significar una comida para el chico que vende baratijas en la calle.

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Por último una curiosidad de este viaje a Marrakech, resulta que normalmente si eres español la pregunta básica es “¿Real Madrid o Barcelona?” pero cuando le dije al señor que no me gustaba el fútbol se me quedó mirando bastante raro…

Si has estado en este zoco y nos quiere contar sus “secretos” serán bien recibidos en los comentarios 🙂

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Adios Marrakech, hola Casablanca

Mis horas en Marrakech se acababan y salí al zoco por última vez para buscar algo que comer pero tras dar vueltas como una peonza acabé en un restaurante para turistas comiendo un Tajin de cordero.

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Llevaba sin comer cordero desde mi visita a Islandia en octubre del año pasado donde disfrute de cantidades industriales de cordero de todas las formas posibles (exceptuando por la vena).

El tajin me produjo un dolor de estomago un poco tenso pero nada del otro jueves afortunadamente.

Vuelta al hostel para revisar las últimas cosas en internet y una pequeña siesta salí a buscar un taxi para ir a la estación de tren.

Otra vez me había perdido por las callejuelas del zoco y esta vez me corría un poco de prisa; pasé de preguntar a nadie y seguí caminando ya que las laberínticas calles del zoco no podían ser interminables.

Tras un cuarto de hora de exploración no programada del casco viejo de Marrakech encontré un taxi y un taxista con más cara de espalda que me pidió cinco eurazos por llevarme a la estación de tren, al final regateando la cosa quedo en 35 dirhams (3,5 euros) pero me imagino que el trayecto costaría la mitad.

Por suerte llegaba con tiempo a la estación de tren de Marrakech para pillar mi tren a Casablanca.

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Pillo tren en segunda clase gracias a la recomendación de un amigo por la cual me ahorré seis euros.

La diferencia entre la primera y la segunda clase es que la primera son compartimentos privados de seis personas y la segunda son butacas de cuero.

Se acababa mi breve visita a Marrakech aunque posiblemente vuelva en septiembre a pesar de todos los importunios sufridos en mi primera visita.

Si algo bueno tenía coger el tren de las cinco de la tarda era que podría disfrutar del atardecer desde la ventanilla del tren y de los paisajes del Marruecos “real”.

Tras dejar la ciudad y los suburbios pobres de Marrakech empecé a ver a los señoras que trabajaban la tierra, los burros no turísticos y a los niños que miraban al tren con ilusión y saludando como si se despidieran de un amigo o una amiga especial.

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Pasadas casi cuatro horas llegué a la estación de Casa Voyages en Casablanca y tomé un “petit taxi” hasta la embajada americana.

Aquél Peugeot del año de Maricastaña sin cinturones de seguridad y con una música del que debía ser el Chago Melían marroquí le daba un ambiente cuanto menos exótico al trayecto.

Las calles de Casablanca eran bastante más civilizadas que las de Marrakech y en su organización urbanística me recordaba mucho a Las Palmas de Gran Canaria.

Mi host en Casablanca es un profesor de inglés del instituto americano en Casablanca que es una persona cuanto menos sorprendente; ha estado viviendo y trabajando en más de una decena de países, escribe para guías de viaje y su hobby es hacer maratones (pero de correr, no de ver el señor de los anillos en extendida).

Cuando tenga la edad de Joel no me importaría ser como él.

Después de hablar un poco sobre todo llegó el tiempo de dormir pues el día siguiente iba a ser bastante duro.

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De mayor quiero ser australiano

Al rato de despertarme en el hostel subí a desayunar a la terraza del riad donde estaban tres australianos hablando de sus planes de viaje.

En Australia es muy usual el hecho de tomarse un año sabático después del instituto o antes de empezar a trabajar para ver la vida desde otra perspectiva.

Lo que en España  se ve como algo impensable y amoral (excepto para los padres de Victoriano Izquierdo y otros pocos afortunados) en el país de los canguros es algo socialmente correcto y que incluso se pone en los curriculum vitae.

La verdad que esto tiene su razón de ser, para un australiano venir a Europa le supone un desembolso de dinero importante ya que el viejo mundo no está como para ir a tomar un café y venir a la vuelta.

Por otro lado es una experiencia que curte (para bien o para mal) y que marca a la gente de por vida.

Todavía recuerdo la presión de los últimos meses de instituto en los que tienes que decir que vas a ser de mayor y no puedes equivocarte porque chico la universidad no es barata.

Yo sé que seguramente aunque hubiera tenido el “gap year” (año de salto) habría elegido la carrera que estoy haciendo ahora mismo pero conozco bastante casos de amigos que se equivocaron al elegir la carrera.

Sinceramente envidió a Victoriano Izquierdo por su año “sabático”, como le dije una vez de mayor quiero ser como él aunque le saco un par de años.

A lo mejor cuando yo tenga hijos en la adolescencia el tema del gap year estará bien visto, o a lo mejor el mundo se acaba en el 2012 como dicen las profecías mayas.

Siento haberos pegado el rollo patatero pero era una reflexión que tenía en mente hace tiempo y quería compartir.

En el próximo post seguiré con mis aventuras marroquíes.

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¿Real Madrid o Barcelona?

Los señores que conocí en el avión me alcanzaron hasta el centro de Marrakech donde acabamos almorzando en un restaurante italiano llamado Portofino que no estaba mal pero tampoco era para tirar cohetes, lo bueno es que tenía WiFi y aire acondicionado.

Después de una breve sobremesa tomé camino hacía mi hostel (Riad Amazigh/Equity Point).

Me metí por las calles del zoco en busca de mi hostel y dos “amigos” marroquíes se ofrecieron a llevarme hasta mi alojamiento.

Lo primero que me preguntaron antes incluso del lugar que estaba buscando era mi equipo de futbol.

La verdad que me sorprendió la gran afición que hay en Marruecos por futbol; en cada esquina habían personas con camisetas de los dos equipos a cada cual más falsificada.

Volviendo a mis “amigos” he de contar que me dieron más vueltas que un trompo para hacerme llegar a mi destino a pesar de que les dije donde estaba.

El cuentakilómetros de los gps con patas andaba liviano y cuando finalmente encontramos mi alojamiento me pidieron la bonita cantidad de 200 dirham marroquíes (veinte euros).

Entre al hostel y le pregunté al manager si esto era normal y si era legal, la verdad es que estaba mortificado y bastante cansado así que accedí a darles cincuenta dírhams a cada uno para que se fueran a freír espárragos.

Los dos colegas no contentos con haberme chuleado cinco euros cada uno querían el doble, les dije que iba a llamar a la policía y me soltaron “que ellos conocían a la policía”.

El manager del hostel negoció con ellos en árabe y al final la broma se quedo en 140 dirham (catorce eurazos).

El manager me dice básicamente que me dé con un canto en los dientes porque no me han pegado la sablada, que a muchos de sus clientes por traerlos cien metros les han cobrado 40-50 dirhams.

Supongo que en los videoclubs o en los top manta de Marruecos deben tener la saga de loca academia de policía en la sección de drama.

La verdad es que el hostel era una autentica joya, sinceramente es el mejor hostel que he visto en mi vida.

Las habitaciones eran gigantescas y con un montón de espacio no como los hostels de Londres que parecen campos de concentración.

Además tenían wifi gratis (con poco se me hace feliz), toallas incluidas, un desayuno típico brutal y lo mejor de todo… ¡tiene piscina!

La verdad es que si vuelvo a Marrakech me pienso volver a alojar en el Equity Point porque es simplemente brutal.

Al atardecer buscando el fresco fui a dar una vuelta  por el zoco pero cometí el error de no llevar la réflex cosa de la que me arrepiente muchísimo.

Así que no me quedará más remedio que volver a Marrakech…

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¿Manises dulces o salados?

Después de unos cuantos meses buscando la forma de realizar la vuelta al mundo llegaba el momento de partir.

La verdad es que no me terminaba de creer que estuviera saliendo rumbo a la otra punta del mundo pero así era.

Decidí volar desde Marruecos a Nueva Zelanda con la idea de esquivar la nube de cenizas que tantos problemas había dado.

Tuve la suerte de encontrar una tarifa de estudiante con Emirates que me permitía volar a un precio bastante razonable hasta las antípodas.

Para volar a Marruecos tenía dos opciones: ir por Madrid o volar desde Canarias; la primera era bastante peligrosa ya que si por cualquier motivo se retrasaba mi conexión o llegaba la nube del volcán impronunciable se podía torcer de mala forma el viaje.

La noche antes de partir apenas pude dormir por culpa de los nervios, revisé varias veces la mochila para ver que no faltaba nada.

No era menester dejarme el carnet de conducir o el ventolin en La Palma.

Me levanté mucho antes de lo normal sin apenas poder dormir por la noche para salir a tiempo al aeropuerto ya que tenía que coger el primer vuelo de Islas Airways a Tenerife.

“¿Manises dulces o salados?” fue una especie de mantra para mí en el primer día de viaje, es una tontería pero me encanta que en las bolsas de Islas Airways ponga manises en vez de cacahuetes.

Tras una escala en Tenerife Norte llegaba al aeropuerto de Gran Canaria donde tendría que volver a sacar la tarjeta de embarque para volar hasta Marrakech.

Después de desayunar me fui a la puerta de embarque a esperar el vuelo mientras me despedía de mis amigos desde el Iphone.

Una vez subí al avión de Islas me di cuenta que ya no había vuelta atrás y que todo este berenjenal tomaba viento en popa.

El vuelo desde Gran Canaria a Marrakech tiene una duración de dos horas, cierto es que si el vuelo se hiciera con un avión de reactor duraría la mitad.

Pero también es cierto que hacer el viaje vía Madrid requiere cuanto menos de tres veces más tiempo que hacerlo directo con Islas o con Binter.

Dos señores que iban conmigo en el avión me dieron mis primeros consejos sobre Marruecos y me quitaron los mitos de inseguridad del país.

Tras pasar rápidamente la aduana tomé camino a Marrakech donde pasaría las siguientes treinta y tantas horas…

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